Las lecturas y los días

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May 2012

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EPN NO

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Llega el momento en el que uno tiene que pronunciarse. Y me pronuncio. Hace varios días ya, mi indignación llegó al límite. Fue la matanza de Cadereyta la que funcionó como detonador último y me hizo perseverar en mi conteo “negativo” hacia el 1 de julio. La consigna: conseguir que EPN no se haga de la presidencia de México. Impedirlo. Alzar la voz y decir, tal cual, “NO EPN”. Es una protesta en solitario (y que le da la bienvenida a quien quiera suscribirla y alzar la voz conmigo), una manifestación de inconformidad ante un candidato que, si bien fue elegido por el PRI como genuino (y, por ley, puede ser presidente de México), me parece un candidato impostado y “aupado” por varios medios de comunicación masivo (y una larga serie de paleros-opinionistas), además de por otros poderes fácticos no tan evidentes. Hoy, llegados al día 43 previo a las elecciones, un pretendido perredista llamado Ariel Aspland me encaró en Twitter y me llamó “denostador” de EPN, además de al servicio del PAN y de JVM (nada más alejado de la realidad: soy apartidista y descreo de la clase política mexicana). Hasta donde sé, no he “denostado” a EPN. Denostar significa “Injuriar gravemente, infamar de palabra”. Podría hacerlo. Podría gritar insultos en mayúsculas. Pero no lo hago. No hace falta. Nada tiene que ver con mi protesta ni con mi conteo “negativo”. Si bien hay vida más allá de las urnas y tendríamos que entender, de una vez por todas, que un presidente está a nuestro servicio y tenemos todo en nosotros para increparlo y vigilar su función pública, me parece que llegado el 1 de julio la decisión que tomemos en la casilla electoral será primordial para el futuro tanto inmediato como a mediano y largo plazo de nuestro país (anularía mi voto si existiera la figura de anulación de una elección: no existe y, acaso, hay que pelear su existencia, demandar que exista esa figura, que si hay un 30 por ciento de votos anulados se anule el proceso; hay tantas otras propuestas por discutir y llevar a cabo). Sí, para cambiar de sistema hay que tener injerencia en el sistema, desde adentro y desde afuera. Si el presidente en turno es autoritario, el asunto se complica y la macana se alza (no olvidemos Atenco, recientemente, ni Tlatelolco, esa cicatriz siempre abierta). EPN me parece la peor opción de todas y lo ha demostrado con hechos y con palabras (tomo prestada la caricatura del Roto, elocuente por donde se la mire). A lo que yo respondo, una vez más y de aquí al 1 de julio (y después, si hace falta): NO EPN.

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May 18, 20126 notes
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